#Opinión

Simón Bolívar y su lucha contra la corrupción (…y II)

Por: Absalón Davis

Durante la Campaña del Sur, Bolívar emitió en Bogotá un Decreto Anti Corrupción el 22 de febrero de 1822, donde consideraba al corrupto como un traidor a la patria, mediante un considerando único que señalaba: Cualquier empleado de la Hacienda Pública, que abusando de la confianza con que el Gobierno le ha distinguido, se entregue al fraude o malversación de los intereses  públicos, es acaso más traidor a su patria que quien trama conspiración o deserta de sus banderas, Y En virtud de las facultades que en mí residen, Decreto:

ARTICULO ÚNICO: El empleado de la Hacienda Nacional a quien se justificare sumariamente fraude o malversación de los intereses públicos, se le aplicará irremisiblemente la pena de muerte, sin más necesidad que el informe de los tribunales respectivos.

En su avance de libertad y adecentamiento de la gestion pública, En 1823, Bolívar muestra contrariedad por la persistente impunidad y corrupción que ocurría en el Perú, lo que le lleva el 15 de enero de 1823 a escribir al general Bartolomé Salom, desde Pativilca: “La impunidad de los delitos, hace que estos se cometan con más frecuencia; llegando al caso, que el castigo no basta para reprimirlos”, ante este concepto anticorrupción en el 30 de octubre de 1823, manifiesta ante el Congreso en Lima: “…no hay esperanza de justicia donde no se encuentre equidad ni talento para manejar los grandes negocios de los cuales depende la vida del estado. El talento sin probidad es un azote” y pasando de las palabras a los hechos Decreta en Lima La Pena Muerte contra los corruptos, el 12 de enero de 1824, cuyo Artículo 1 señalaba :

1.Todo funcionario público a quien se le conviniere en juicio sumario, por haber malversado o tomado para sí los fondos de diez pesos para arriba, queda sujeto a la pena capital.

El Artículo 2 conminaba a los jueces a proceder conforme al decreto, porque de lo contrario serían condenados a la pena de muerte

El Artículo 3 invitaba a la ciudadanía a dar acusación contra los funcionarios públicos del delito que indica el Artículo 1ro.

Con este conjunto de normas y decretos, incluida la pena capital, El Libertador estaba convencido en la necesidad de ser firmes contra la corrupción, sin impunidad, por cuento los funcionarios públicos debían gobernar para todos, por el bien de todos, con sana administración.

Ante sus ideas y convicciones en la ética, Bolívar expresaba: “solo de Hombres virtuosos y honrados me valdré, para darle vigor a todos los ramos de la administración pública, siendo deber de todo ciudadano vigilar la legítima inversión de las rentas públicas en beneficio de la sociedad.

Bolívar era un convencido de que la aplicación de la ley permitiría corregir el flagelo de la corrupción. Por eso opinaba: Cuando se acuse y castigue con firmeza a toda persona que cometa faltas contra la ética, todo se corregirá,  porque sólo los hombres virtuosos y los hombres ilustrados, podrán construir una República.

Ante esta convicción Bolívar llegó a expresar: El modo de gobernar bien es el emplear hombres honrados, aunque sean enemigos.

Ante la lenidad y la indiferencia de sus copartidarios, para castigar la corrupción, Bolívar señalaba que la corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y con la impunidad de los delitos, en tal sentido, debía elevarse la moral pública porque la impunidad es un tenebroso flagelo que puede disolver el Estado

En ejemplo de gallardía y ética, una carta dirigida al presidente del Congreso de Colombia muestra a un Bolívar convencido de que no puede abusarse del tesoro público, por tal motivo, el 9 de enero de 1824 desde Pativilca renuncia a la Pensión de 30 mil pesos anuales que le habia concedido el Congreso, concluyendo con una comunicación que terminaba de la forma siguiente: no necesito de la pensión para vivir, en tanto que el tesoro público está agotado.

Con estos temas hemos observado un Libertador que siempre luchó contra la corrupción, contra la impunidad, contra el ocio y contra los vicios,  entregando todo por la patria, a costa de su fortuna, de su salud y su felicidad.

El Libertador, autor de una magnífica obra continental, que le permitió alcanzar la gloria eterna por todos los tiempos, murió pobre en Santa Marta, con una camisa rota y prestada, dejando en su Última Proclama un mensaje libre de odio, firmado en la Hacienda San Pedro Alejandrino, el 10 de diciembre de 1830, donde sellaba su grandeza con palabras que todavia resuenan en el mundo: ¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.

Quienes siendo funcionarios digan que son bolivarianos, jamás podrán ser aceptados como tales, si violan el ideario ético del Padre de la Patria.

*Ingeniero, director de Orpanac

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